De la lúdica macábrica a la lúdica de la vida

Alfredo Infante sj

Fernado CamposRáfagas de metrallas. Pausa. Disparos ta tata ta. Pausa. Bombas ¡Bum! ¡Bum! Se repite incansablemente el ciclo de  detonaciones. Los sonidos van de una esquina a otra. Son las cuatro de la tarde. No, no es un enfrentamiento entre bandas, son unos niños en la cuadra  jugando  en medio de la música sabatina, los transeúntes y el ruido de motores. Es la lúdica macábrica que arrebata el imaginario de nuestros niños. Esa tarde la pelota quedó guardada en el rincón de una casa o huérfana en el patio,  las armas le ganaron la partida.

Al tiempo, en la casa parroquial un grupo de compañeros jesuitas se reúnen para acordar las líneas orientadoras de la pastoral en la parroquia Alberto Hurtado, parte alta de la Vega. Se comienza con una oración, teniendo como telón de fondo el sonido de las balas modulado por la voz de los niños. El ruido penetra al interior de la sala e invade la atmósfera. La realidad se impone. El padre Jhonny grita desde la casa hacia la calle: “Ya”. Silencio. Se acalla la balacera imaginaria. Al rato vuelven a comenzar las detonaciones.

El padre Jhonny , párroco de la zona, recuerda en medio de este escenario: “En el retiro de la comunidad hemos acordado que el énfasis de nuestra parroquia es el trabajo con niños y adolescentes en una apuesta por una convivencia pacífica”. Afuera sigue el enfrentamiento de los niños imitando con creatividad las diferentes armas. No hay duda de que esta ha de ser la prioridad. Es urgente, necesario e importante este énfasis.  La violencia secuestra en la esquina el imaginario de los niños y adolescentes.

Es una misión a contracorriente. No se parte de cero. Se cuenta con una plataforma educativa de Fe y Alegría. El parque social de la UCAB canaliza las voluntades de muchos jóvenes estudiantes que le apuestan al país desde los sectores populares. Los líderes de las comunidades  y la parroquia apoyan la iniciativa. Todos estos actores desean una convivencia pacífica. Hay muchas voluntades al servicio de la paz.

Concluye la reunión. Los niños siguen  jugando al enfrentamiento. Quedo en silencio.  Una pregunta me inquieta: ¿Cómo deconstruir la lúdica macábrica  y construir una lúdica de la vida?  Surge un gran desafío: ¿cómo ponchar la violencia para que la lúdica de la vida le gane la partida  a la lúdica macábrica? ¡Bueno! Confiemos  que, como en el beisbol,  la pelota es redonda y da vueltas. Tal vez, un día, amaneceremos escuchando en la voz de estos mismos niños un grito de “Jon ron” y no habrá más ta,ta,ta. Bum,Bum.

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