Otra Venezuela, otros venezolanos

Hildamar Toro Alvarez

“No oprimas al forastero; ya sabéis lo que es ser forastero,
Porque forasteros fuisteis vosotros en la tierra de Egipto” (Éxodo: 23,9)

Después de leer el artículo, de Andrés Oppenheimer, titulado, “gracias Hugo”, debería sentirme enormemente honrada. Primero porque el autor del artículo de opinión, hace mención a compatriotas que se lucen y destacan en fronteras ajenas a Venezuela; no sólo en la empresa privada, sino en la “gestión pública”, el mayor desafío en cuanto a iniciativa emprendedora para dirigir al mundo; porque para nadie es secreto, el colapso gerencial que en lo público, se ventila en algunos países de Europa, islas del Mediterráneo, y la propia América en su zona norte y central.

Como ciudadanos, no ajenos a lo que sucede en nuestro terruño y el mundo, vivimos de “susto en susto”: guerra televisada, terroristas y asaltantes exaltados por la función mediática, y la cháchara permanente de líderes políticos que mienten u omiten verdades, y que son percibidos así, como mentirosos, por los televidentes desde la delgadez plataforma del plasma.

Algo pasa, y nos está arropando: alegrías, tristezas, desaciertos, e incertidumbre; y de ésta, más de ella en lo que va del siglo XXI.

Oppenhaimer en el texto de referencia, y que da lugar a estas reflexiones, habla de casi un 3 por ciento , de los venezolanos, como medida, que emigraron en esta década, y de la Venezuela de ahora; y nosotros, en la distancia, recordamos a los muchos mayameros venezolanos de los años 70 y 80. Otra Venezuela, y otros venezolanos.

Enhorabuena por los que se han ido a otras tierras y concretado, con gran esfuerzo y sacrificio, levantar cabeza; porque para algunos, el dolor de la patria perdida, iba en la maleta.

También, enhorabuena para aquellos que se han quedado en el país, quienes con suma valentía, y con un camión de coraje, que no evita que les tiemble de vez en cuando el alma, siguen luchando por los principios universales de la vida y la honestidad.

Sí, enhorabuena a estos venezolanos profesionales, de edades comprendidas entre 22 y 50 años; algunos de estratos bajos, otros entre medios y altos; pero todos con la comprensión de que el país cambió, por quedarse.

Gracias entonces a todos los venezolanos aún dentro, y los de afuera, porque también -en su medida- no han permitido que “nos roben la esperanza de una mejor, preparada y próspera Venezuela”. Sin duda; otros venezolanos.

Gracias Oppenheimer por inducir estas ideas!

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