¿Un nuevo tsunami?

Mercedes Pulido

Los movimientos telúricos no son exclusividad de la naturaleza física, pueden ser sociales, culturales y propios de la condición humana. Siempre evidencian reacomodos. Considerarlos pasajeros pueden traer consecuencias imprevisibles, como lo es la ruptura entre la supuesta y boyante economía financiera que confundió especulación con crecimiento y la economía del empleo y de la vida diaria de la gente en franco deterioro. Ya es bastante con la primavera árabe y la crisis europea además del crecimiento de la pobreza en las sociedades del bienestar.

Hace apenas algunos días el IESA realizó su jornada para la promoción de oportunidades de empleo. Acciones similares conocidas como las ferias del empleo se han realizado en la Alcaldía de Sucre entre otras. Lo que produce una llamada de atención telúrica es la respuesta a la convocatoria. A medio dia eran tales las colas de los asistentes que hubo que cerrar el acceso. Ante la presión y manifiesta exigencia de los presentes quienes desesperadamente trataban de entregar sus aspiraciones y datos personales, se organizó que las carpetas fueran entregadas a los vigilantes. Su revisión inicial apunta a universitarios graduados jóvenes y adultos con experiencia de administración y tecnológica en búsqueda de empleo que no está dispuesta a claudicar, sino hacerse presentes en sus propias aspiraciones y capacidades.

En la Alcaldía de Sucre la mayoría además incluye técnicos superiores y mano de obra de poca formación pero con experiencia de trabajo desesperados por la sobrevivencia. Indudablemente la educación fue la oportunidad real de movilidad social aunada a la existencia del empleo. El empleo público cada vez es más precario e inestable y el privado desaparece progresivamente ante expropiaciones y estigmatización. ¿Cuál es la alternativa para esta Venezuela que no aparece en los porcentajes de marginalidad, ni de las metas de las grandes transacciones financieras?

¿No será esta realidad oculta y subterránea un nuevo tsunami?

La gente quiere soluciones más que explicaciones. Hechos como el vivido demuestra una rebeldía a no aceptar la desesperanza y menos aun la sumisión. La descalificación que a menudo se expresa en torno a los “indignados” porque supuestamente no entienden, oculta la realidad de las exigencias emergentes de los grupos trabajadores del día a día y de las aspiraciones reales de sentirse hacedor de su propia vida. Es una guerra avisada que amerita reflexión y acción, porque tantas veces va el cántaro al agua que al fin se rompe. En el tan de moda mercadeo político, esta realidad existe y es irreversible.

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