Cascarones y contenidos: el debate sobre el Humanismo Cristianos

Jesús Hernáez y Jhozman Camacho

La Identidad de la UCAB a debate fue foro que se desarrolló en esa casa de estudios organizado por la Cátedra Abierta de Pensamiento Cristiano de la Escuela de Filosofía el 19 de enero. Según las conclusiones de los expositores, Luis Ugalde, María Elena Febres-Cordero y Mario Di Giacomo, el cascarón no está vacío. Ahora bien, ni todo su contenido es humanista cristiano como se pretendió en el pasado, ni todo es razón instrumental como lo sostuvo la modernidad, a partir de la Ilustración.

Así pues, Fe y Razón deben seguir teniendo espacio propio en los ámbitos académicos de inspiración cristiana, sin que ninguno pretenda ser dueño único de las universidades. En este sentido: los ponentes señalaron los derroteros de la nueva relación que entre ambos ha de forjarse.

Según Ugalde, la razón instrumental dejada a sus anchas sin ningún discernimiento de cuáles son sus fines produce horrores tales como guerras, totalitarismos o sistemas económicos opresores y destructivos del medio ambiente. Ello se debe a que la razón sólo está subordinada a las lógicas del poder o al tener y no a una conciencia humanizadora, donde los más débiles sean el referente principal. En este sentido, la Ucab ha de saber combinar los saberes de la razón con la formación de los afectos, pues de lo contrario terminará por servir a los poderosos de este mundo, que siempre son los mismos: dinero y poder.

María Elena Febres-Cordero, tras contextualizar el término humanismo, se detuvo en distinguir los conceptos ignaciano y jesuítico; próximos, pero no idénticos. El primero alude al espíritu que ha de presidir esta Universidad, mientras el segundo refiere la experiencia o patrimonio acumulado por los jesuitas en la obra específica que es la educación en cualquiera de sus niveles. El primero está fijado, el segundo cambia y, más precisamente, ha de cambiar en y a esta Universidad. Además, sostuvo que ha llegado la hora de instrumentar muchos otros programas de estudio por medio de novedosos métodos educativos, porque las realidades de este mundo globalizado, amén de los saberes evangélicos, así lo exigen.

Mario Di Giacomo dijo con todas letras que, hoy por hoy, y como destilado final del proceso de Ilustración no del todo liquidada, se impone un racionalismo que elimina las razones del Otro (sea quien sea ese otro y sean cuales sean sus razones), lo cual supone eliminar la libertad y la democracia; por lo cual es necesario plantear en contraposición un individualismo solidario. El creyente está obligado a dar razones de su fe en la ciudad secular, el no creyente ha de dar razones de sus preferencias en la ciudad de todos. Ambos se limitan, ambos construyen el bien común con sus particulares y limitados materiales, ninguno se impone y queda espacio para el individuo, que pudiendo ser de muchos modos, lo es de manera eminente (si es que la Ilustración no fue un error absoluto, y no lo fue) si opta por la excelencia de la solidaridad.

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