Editorial Sic 727: Una alternativa para Venezuela

Editorial Revista Sic 727. Agosto 2010

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Lo bueno de este momento tan malo es que las cartas de cada jugador están ya sobre la mesa. No operamos sobre conjeturas sino sobre intenciones declaradas y hechos reiterados. Por eso es el momento propicio para proponer, desde nuestras opciones de vida, lo que sería la alternativa para nuestro país.

Lo llamamos alternativa porque estamos convencidos de que Venezuela no tiene marcha atrás: ni se puede volver al pasado, ni aceptar el presente, como si todo el problema consistiera sólo en salir del actual Presidente.

Qué retenemos y qué negamos del régimen actual

De la propuesta del Presidente retenemos la intención de colocar en el centro el discurso sobre las clases populares; el esfuerzo proclamado por mejorar sus condiciones de vida, su nivel de educación, su capacitación y su participación en la gestión de su vida vecinal y de la vida pública. Estamos de acuerdo en que hay que regular el mercado, tanto el de la producción como más aún la distribución y el mercado de capitales. Nos parece positivo estimular nuevos modos de producción y de relaciones de producción. Convenimos con él en que hay que crear un mundo multipolar y sobre todo unas relaciones más democráticas, no regidas, como hasta hoy, por el fundamentalismo del mercado que llega a ser un verdadero totalitarismo.

Sin embargo, discrepamos frontalmente en el modo como pretende llevarlo a cabo, es decir, a través del Estado como único sujeto social que secuestra la subjetualidad de todos. Creemos que poner en el centro a las clases populares significa estimular su condición de sujetos personales y sociales, y no exigirles que colaboren con él, que es la negación de la participación proclamada. El Estado está para la gente y no la gente para el Estado. Ello significa, en primer lugar, que la gente tiene que controlar al Estado, lo cual implica la multiplicidad, la independencia y el balance de poderes, además de una genuina representación y de la participación, sobre todo a nivel municipal. Pero para que la gente sea gente, lo crucial es que se ayude eficazmente a que aumente su capacitación y competitividad de manera que pueda alcanzar una genuina independencia y dirigir su convivialidad y su solidaridad desde sus propias organizaciones de base.

Respecto de la empresa privada, incluidos los mass media, el camino no puede ser sustituirla sino mantenerla, incluso estimularla, poniendo reglas de juego y controles objetivos y consensuados socialmente y nunca discrecionales.

El apoyo a nuevos modos y relaciones de producción debe restringirse a ser sólo estímulo a proyectos muy bien pensados y cualitativamente llevados y en ningún caso coacción para que todos entren por ahí, de acuerdo a “su” proyecto revolucionario.

Discrepamos en la poca atención que se ha brindado a la violencia, a la seguridad ciudadana; discrepamos de la política de dotar con armas a la población civil para defender la “revolución” y a su “líder”.

El fomento de la mundialización multipolar no se hace en base a ideologizaciones sectarias sino estimulando por doquier lo que acabe con el totalitarismo de mercado, devolviendo al mercado su fluidez, es decir, la competencia, y restringiéndolo a su lugar sin permitirle que invada todas las esferas de la vida. En el caso de América Latina significa esforzarse en concreto por constituir un verdadero bloque en el que se fomente la interacción y se salvaguarde la diversidad.

En resumidas cuentas, rechazamos, como camino comprobadamente fracasado, el comunismo estatista y mesiánico al que se dirige por pasos medidos, sin tregua y sin pausa, el Gobierno, desconociendo el sentir expreso de la mayoría y negando explícitamente la Constitución. Esta negación equivale a la negación del Estado de Derecho. Rechazamos también la entente con Cuba pues significa, en la práctica, pérdida de nuestra soberanía.

De la oposición

Respecto de la oposición, estamos de acuerdo en su invocación a la Constitución como el marco de Derecho al que tiene que atenerse el Estado y la sociedad. Estamos de acuerdo, por tanto, en que el Ejecutivo no puede seguir controlando al Estado, eliminando la independencia de los poderes y en que el Estado no puede ser el único sujeto de la sociedad, anulando las asociaciones intermedias y la iniciativa privada. Estamos de acuerdo en que, junto a las empresas públicas, tienen que estar las privadas, que no pueden ser criminalizadas ni perseguidas. Pensamos que se debe seguir impulsando el proceso de descentralización, como profundización de la democracia. Estamos de acuerdo en que el Estado debe respetar cuidadosamente los derechos humanos y que los ciudadanos tienen que tener la posibilidad de demandar a la administración ante tribunales imparciales.  Juzgamos que el Estado no debe pretender la hegemonía comunicacional.

Sin embargo discrepamos frontalmente en la lejanía de una parte importante de la oposición respecto del pueblo venezolano.

Nos aleja también de ella el que, siendo varios de los partidos allí representados causantes del desastre durante las últimas décadas del siglo pasado, del consiguiente rechazo a los partidos y de la victoria inicial del régimen actual, no hayan sus actuales dirigentes roto con su pasado expresando concretamente qué reprueban de lo que se hizo y cómo podría ser evitado en lo sucesivo. No se observa que busquen poner coto a las deformaciones del mercado, sobre todo de la distribución y de los capitales, pero también de la producción, tanto a nivel de la tierra como de la trasformación de las materias primas en las que tenemos ventajas competitivas. Tampoco se ve que pretendan algún tipo de control a los masss media que pretenden sustituir a los entes políticos y por esa razón no informan con objetividad ni brindan entretenimiento de calidad.

Esquema de la alternativa que proponemos

Por todo lo dicho presentamos una alternativa basada en una democracia social de mercado entendida así: el sujeto de la democracia son los ciudadanos, tanto individualmente considerados como organizados. No lo pueden ser el Estado ni los mass media ni los poderes económicos ni los partidos.

Para que sea una democracia social el sujeto no pueden ser los individuos considerados en cuanto tales sino ellos junto con los lazos que los constituyen como personas: de familia, vecindario, trabajo, clase, cultura, etc. La democracia social no puede abstraer la realidad concreta y por eso discrimina positivamente al pueblo. Esto implica dos cosas: un Estado que le dé servicios de educación, salud, seguridad y vialidad a la altura del tiempo, desde nuestro ser venezolano y latinoamericano, y un Estado que promueva sus organizaciones de base, sin pretender coaptarlas. También velará por todas las asociaciones intermedias, singularmente por las que promuevan la solidaridad. También contemplará una tributación progresiva a la renta y no sólo el impuesto indiscriminado al consumo.

Como es de mercado, el Estado reconocerá la propiedad privada, incluida la de los medios de producción y cuidará que se respete; a la vez que velará escrupulosamente porque el mercado sea en verdad libre, persiguiendo todo tipo de roscas, oligopolios y monopolios y velando porque la competencia sea leal. Estimulará asociaciones de consumidores y él mismo ventilará ante la opinión pública las tasas de ganancia excesivas y otras prácticas de las empresas que perjudiquen a los consumidores. Pero no incurrirá en expropiaciones, salvo en los casos excepcionales de verdadera utilidad pública. Pechará la tierra de acuerdo con su productividad. Estimulará las industrias de transformación de las materias primas que produce el país.

Estimulará relaciones de producción alternativas, como la cogestión y las cooperativas, velando para que se lleven a cabo con éxito, desde su propia identidad organizativa.

Luchará por una mundialización alternativa en la que quede superado el actual totalitarismo de mercado, desde la constitución de un bloque latinoamericano, basado en el reconocimiento en cada país y en la región de su carácter multiétnico y pluricultural en un Estado de justicia e interacción simbiótica.

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