Editorial Sic 723: La reconciliación es el camino

Editorial Revista Sic 723. Abril 2010

Vea nuestros puntos de venta

La película Invictus ha traído de nuevo a la memoria colectiva a ese gran personaje contemporáneo que es Nelson Mandela. Para un país como Venezuela,  que desde hace varios años vive en medio de una terrible polarización, cultivada desde el poder como medio por excelencia para hacer política hacia dentro y fuera del país, su referencia puede inspirarnos para soñar con nuevos derroteros.

En Invictus, Mandela se muestra como maestro en el arte de unir en medio del odio, la exclusión, la injusticia y la desconfianza. Como buen maestro lo hace con el ejemplo personal, entre sus seguidores y amigos, en su oficina y en la familia, en el partido y en el Estado, en las pequeñas y grandes decisiones. Y entre los inéditos caminos que toma para conducir a Sudáfrica hacia la reconciliación, aprovecha la ocasión de la celebración del campeonato mundial de rugby en su país en el año de 1995. Para ello tiene que ganarse al equipo nacional haciéndole comprender que no es sólo un equipo de rugby, sino la representación de Sudáfrica, por lo tanto debe caminar hasta las entrañas del país, jugar con los niños pobres de los barrios que sólo han visto sus jugadores por la televisión,  sentir y escuchar a su pueblo hasta compenetrarse con él. Deben aspirar a ganar porque ganando ellos gana el pueblo sudafricano.

Si algo queda claro en esta gran película es que la tarea de la reconciliación es una empresa de talla espiritual. Hace falta mucha calidad humana para no quedarse atrapado en medio del resentimiento, después de 27 años sometido injustamente a trabajos forzados en una dura prisión , para no amilanarse ante las múltiples resistencias, para no frustrarse ante los fracasos que impone la terquedad de la intolerancia.

Mandela se ubica en la línea de los grandes protagonistas de la reconciliación en el siglo XX como Ghandi  y Martin Luther King,  porque su llamado a la reconciliación no es un melifluo llamado a la paz y a la unidad manteniendo el conflicto de fondo y la exclusión de unos frente a otros. La reconciliación supone un acto de justicia, de reconocimiento efectivo del opresor frente al oprimido, de devolver lo que se ha quitado o robado, entre otras cosas, la afirmación de su dignidad. Es así verdadera reconciliación lo que se propone y por eso será necesaria la conversión, la vuelta de la mirada al otro, tendiendo puentes efectivos para el encuentro. Sólo así puede haber unidad nacional y sentido de cuerpo social.

La polarización en Venezuela

Desde hace años nos preguntamos ¿Cómo construir un imaginario democrático inclusivo que reivindique el respeto por la diversidad, la justicia, la dignidad, los derechos humanos y el reconocimiento del otro, en una sociedad polarizada y fragmentada social y políticamente como la Venezuela de hoy? ¿Qué referencias simbólicas pueden guiar la idea de consenso y reconciliación teniendo en cuenta la profunda crisis institucional, de representación, de liderazgo alternativo, de ausencia de proyecto nacional compartido que confronta el país?

Desgraciadamente hemos avanzado muy poco o casi nada en encontrar caminos viables que nos permitan tender puentes efectivos en el ámbito social, político y económico. Venezuela sigue siendo un país dividido y enfrentado. Nos agobia la violencia criminal. Los venezolanos nos estamos matando unos a otros en una guerra civil silenciosa y cotidiana, en complicidad con los organismos policiales del Estado y con la venia de la impunidad de nuestro sistema de justicia.

Esta guerra ocurre en medio de una sociedad en la que unos grupos sociales siguen de espaldas a otros. Entre ellos hay preocupaciones diferentes. Como bien señaló hace poco un acertado analista venezolano “Los llamados estratos altos se preguntan ¿Perderemos la libertad? ¿Obtendremos crédito? ¿Conseguiremos dólares? ¿Me secuestrarán? ¿Tendré que migrar? ¿Se irá Chávez? Estos sectores están acosados por la incertidumbre. Por otro lado, las preguntas que inquietan a los sectores bajos son: ¿Me alcanzará el dinero para mañana? ¿Conseguiré comida? ¿Perderé el empleo? ¿Por qué Barrio Adentro está funcionando mal? ¿Por qué no hay arroz en Mercal? ¿Me asaltarán los “malandros”? Esta población está acosada por la necesidad.”

Y esta división la utiliza políticamente el gobierno del presidente Chávez, aunque no es el único en hacerlo.  Éste, en su caso, ha tomado para sí la representación de los de abajo, convirtiéndose en el padre bueno y benefactor y en el vengador de su causa frente a sus enemigos nacionales y extranjeros. Este discurso ha traído muchos beneficios políticos para su principal protagonista. El presidente Chávez ha gozado de altos niveles de popularidad, lleva once años en el poder y aspira a reelegirse con los votos de las mayorías empobrecidas.

Pero ahí siguen los pobres, acosados por la necesidad. Preguntándose cada día si conseguiremos comida en Mercal, si vendrá el médico al módulo de Barrio Adentro, si me alcanzará la quincena, si no me asaltarán o me matarán al salir de mi casa. Y ahí sigue también otro país, marcado en buena parte por sus prejuicios de clase, replegados sobre sí mismos, acusado de oligarquía, enemigo público y traidor a la patria, soñando con alguna oportunidad para volar lejos y hacer vida en otra parte. Dos países, de espaldas uno al otro, sin puentes de conexión.

Por su parte, aunque no se puede generalizar, porque hay honrosas excepciones, el liderazgo de la  oposición política, esos que quieren representar a los descontentos, a los que se sienten excluidos y maltratados por el discurso y la práctica del Gobierno, siguen hablándole sólo a una parte del país, a los que ellos representan, sin vincularse con las aspiraciones de las grandes mayorías. Lo cual los condena a seguir siendo opción política de una minoría. No es una buena señal lo sucedido en Valencia, donde Ramón Guillermo Aveledo (entrevistado en este número) tuvo que ofrecer disculpas al pueblo carabobeño por la trifulca que se presentó en una reunión para definir la conformación del Comité Táctico Electoral (CTE) de la Mesa de la Unidad.

En el pueblo está el consenso

El pueblo venezolano está harto de la polarización y pide a gritos el diálogo y el acuerdo. Las encuestas de opinión pública así lo manifiestan. El pueblo sabe que sólo habrá trabajo digno, educación de calidad, desarrollo urbano, vivienda  decente para los pobres y seguridad de todo tipo, si todo el país concurre con sus haberes y talentos a la gran tarea del desarrollo nacional. Si se respeta a la empresa privada como generadora de empleo y de riqueza, aunque se pongan condiciones para que haya más equidad, salvaguardando el principio de una honesta ganancia. Si la administración pública se empeña en servicios de calidad, dejando la excesiva politización y mirando sólo a la excelencia a la que el pueblo y en general la ciudadanía tiene derecho. El pueblo sabe que mientras sigan los discursos y prácticas excluyentes, especialmente los que van acompañados con la violencia del poder, seguiremos enfrentados y de espaldas unos a otros, condenados al fracaso.

En el dossier de este número de la revista, el Centro Gumilla presenta las conclusiones de un estudio sobre la valoraciones de la democracia en Venezuela y concluye que Venezuela aunque está polarizada políticamente en torno al binomio chavismo-antichavismo, sin embargo se muestra plural ideológicamente. Los consensos parecen ser mayores que las diferencias. Es posible concluir que los venezolanos podemos contar con una agenda de consenso para desarrollar un programa político, social y económico incluyente. El problema entonces radica no en la mentalidad ideológica de los venezolanos, sino en los líderes que se empeñan en hacer de la confrontación el instrumento fundamental para hacer política.

Artículos relacionados:

email