Poder, utopía y realidad en Venezuela

Honegger Molina

La crisis venezolana está caracterizada en la actualidad por la tensión utopía revolucionaria y realidad sociopolítica. La utopía de otro mundo es posible, es importante para fomentar los cambios necesarios y es importante para sembrar la utopía. Así pues, subirse en el portavión emotivo de la utopía revolucionaria, ha resultado fácil, pero qué difícil ser verdaderamente creativo y eficiente para transformar la realidad socio-económica.

Por otra parte, cuando la utopía revolucionaria toma el poder aunque sea democráticamente, muy rápidamente es necesario defender éste mismo poder, objetivo que se vuelve prioritario y que desplaza al objetivo fundamental de la transformación social. En este proceso, los medios de defensa del poder conquistado terminan desplazando los fines de la revolución social. Proceso que Holloway analiza ampliamente en su obra marxista Cambiar el Mundo sin Tomar el Poder. Y Edgar Morin habla del mecanismo de salvación revolucionario para quien todos los medios son legitimados por la finalidad emancipadora.

Esta inversión entre medios y fines incide gravemente en el proceso revolucionario y lo distorsiona, de allí las famosas contradicciones internas. Así se explica tanto la aparición de nuevos ricos en el proceso revolucionario, como los tropiezos en la lucha contra la corrupción, el abuso de poder, la inseguridad y la desigualdad.

La crisis mimética ha sido orquestada y amplificada por los medios y transformada inexorablemente por la polarización creciente en guerra mediática con su fuego cruzado, convirtiendo al pueblo en espectador angustiado de esta lucha por el poder cuyo objetivo principal es movilizar al pueblo y no lo que se anuncia: su participación en la revolución bonita y pacífica.

Conviene recordar que la profesora de la UCV, María Eugenia Curiel, a comienzos de 1970, realizó una investigación de las tres principales motivaciones de los venezolanos. Y concluyó en un patrón constante y claramente definido, con contenido predominante, la motivación al poder, segundo, bajo nivel en materia de afiliación, y, tercero, mínimo en la motivación al logro. Hoy, según la investigadora, esto sigue vigente. De allí el riesgo de empantanarse en la lucha por el poder y de no lograr los cambios necesarios.

En estos procesos de reacomodo político, los vencidos de siempre siguen siendo los más pobres y entre ellos, las minorías indígenas que no están en nada preparadas para entrar en este tremendo juego de inclusión igualitaria. En nombre de la igualdad se desconoce su diferencia cultural y por ende su dignidad. Quedan excluidos o malamente asimilados y engañados en un proceso de cambio transculturativo acelerado. Las minorías indígenas que habían tenido anteriormente poco contacto con la civilización de occidente, se encuentran peligrosamente amenazadas por lo que necesitan, por ejemplo, de un estatuto de protección de los débiles y de algo más que compasión y demagogia.

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