Minorías étnicas invisibles

Jesús Machado

Recientemente la Secretaria de Estado de los Estados Unidos de América, Sra. Hilary Clinton R., dio a conocer el Informe sobre Tráfico de Personas 2009. Este informe muestra una vez más que el problema del tráfico de personas afecta a todos los países del mundo. No hay ningún país del planeta que quede fuera de este terrible flagelo como país de origen, tránsito o destino.

El tráfico de personas movido por extensas redes mafiosas con vinculaciones de funcionarios gubernamentales, resulta un negocio muy lucrativo para estos tejidos criminales, pero sobre todo es una fuente de sufrimiento para las víctimas: niñez, mujeres y hombres.

Los hermanos de la comunidad haitiana son una muestra de las acciones de las bandas criminales dedicadas al tráfico de personas. Muchos de ellos llegan al país bajo promesas de buenos empleos que les permitirán mejorar sus condiciones de vida. En realidad terminan siendo superexplotados en trabajos con pocos beneficios laborales y hacinados en pequeñas habitaciones ubicados en los barrios o zonas más empobrecidas de las ciudades.

Estos hermanos nuestros muestran una terrible paradoja: siendo sometidos a la venta de helados en las calles son invisibles para la misma sociedad que les compra la golosina. Muy poco o nada sabemos de ellos, de sus necesidades y sufrimientos. Con dificultades para establecer una comunicación fluida, portadores de una cultura que miramos con cierto recelo y hasta con desconfianza.

Como país de acogida que tradicionalmente hemos sido, deberíamos tener una actitud de acogida afectuosa y solidaria para con estos hermanos nuestros que están en nuestro país y que su situación de vida los sitúa como una comunidad en mayores situaciones de desventaja en comparación con muchos connacionales.

El compromiso con los empobrecidos de este país pasa por un compromiso con los hermanos haitianos.

Artículos relacionados:

email