La violencia: signo del Estado inexistente

Arturo Peraza s.j.

El Presidente piensa que Caracas hoy es más segura que hace 10 años. Esto porque siente que él transita ahora con mayor seguridad. Entonces cabe cuestionarse ¿Por qué no le pregunta a la gente de los barrios por ello? ¿Cómo fue posible que hablara más de 7 horas en la memoria y cuenta y no dijera nada sobre la violencia?

La desesperación de la gente se ha manifestado nuevamente en un linchamiento a un hombre señalado como violador. La gente del sector reivindicó su derecho a la defensa pues el Estado aparece como “ineficiente”, pero mejor deberíamos decir inexistente.

En las comunidades la desesperación por la delincuencia es grande y esto se compadece con los números que indican que en Caracas hoy en día hay 130 muertos por 100.000 habitantes, lo que la convierte en la ciudad más violenta de todo el continente. Ante esto el Estado en la figura de su Presidente guarda silencio.

Este silencio hace sentir a la población inerme frente a esta realidad y genera una perversión aún mayor que el mismo problema. Tomar la violencia en las manos y proceder a linchar a quien se considera culpable, haciendo entonces que muchos ciudadanos se conviertan en delincuentes pues igual han matado. Así la inexistencia del Estado ha generado en la sociedad una suerte de SIDA social que se va extendiendo y cuyo nombre es la violencia, al punto tal que el terrible espectáculo del linchamiento lo vieron también muchos niños y adolescentes del sector y a través de los medios prácticamente toda la sociedad.

La desinstitucionalización nos va haciendo cada vez una sociedad más violenta, con mayores niveles de agresividad, sin capacidad para resolver los conflictos por la vía del derecho, imponiéndose así la razón de la fuerza. Esto incluso ocurre en materia política y religiosa, pues cómo no recordar que esta misma semana han sido agredidas una sinagoga, la sede de la nunciatura apostólica, edificios de la alcaldía mayor, y todo ante la vista gorda de las autoridades.

Es posible que la violencia no sea un resultado querido ni buscado por el gobierno, pero el problema es que la anarquía ha sido sembrada y estamos cosechando sus estragos. Se requieren muchas acciones para salir de un mal que está regado en el cuerpo social y quizás una primera medida es hacer reaparecer al Estado Derecho y someter al gobierno al mismo, para ello requeriríamos de un real organismo judicial, aunque lamentablemente por ahora eso no existe.

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Acerca del autor

Arturo Peraza sj

Jesuita. Provincial de la Compañía de Jesús en Venezuela desde 2010. Abogado y doctor en Ciencias Políticas de la Universidad Central de Venezuela. Exdirector de la Revista SIC.