¿Hubo negociación en Honduras?

Hildebrand Breuer

Para que una negociación se dé, es preciso que estén presentes dos condiciones previas sin las cuales no puede haber un verdadero proceso negociador: En primer lugar, cada parte debe reconocer la dignidad de la otra, lo cual incluso puede implicar el entendimiento de sus puntos de vista y exigencias, frente a los cuales se presenta oposición únicamente por representar una amenaza a la propia seguridad, dignidad o postura. En segundo lugar, debería existir un deseo transparente por lograr un acuerdo, que recoja lo más coincidente entre las demandas, dejando lo que se supone el núcleo del conflicto para un segundo momento. Es lógico y salta a la vista el hecho de lo contraproducente que resulta concentrar todos los esfuerzos únicamente en aquello que distancia por naturaleza a las partes enfrentadas. Todo esto, claro, si lo que se desea es un acuerdo.

Los procesos de negociación pueden tener también otros objetivos distintos a una resolución final. Retardar un proceso, conocer mejor al adversario y sus demandas, distraer la atención, lograr un impacto en el concierto internacional e incluso conseguir publicidad, son objetivos de muchos equipos negociadores en no pocas situaciones. Esto puede darse por muchas razones, pero entre otras está el hecho de que se entienda que la acción de negociar, o simular que se negocia, tendrá a largo plazo un costo menor, o incluso un mayor beneficio, que la reticencia a acceder a un proceso negociador.

El proceso llamado de negociación en el conflicto de Honduras ha tenido varias fallas. Comenzando por el final, el Acuerdo de San José parte de una gran debilidad al asumir como punto de honor la vuelta del presidente Zelaya al poder. Pero es desde el comienzo del proceso que comienzan a darse dificultades, al plantearse entre las partes un desconocimiento total de la dignidad y legitimidad de la contraparte. En todo este tiempo, la legitimidad y el poder autónomo de las partes se convirtieron en el centro de la negociación, y esos no pueden ser nunca materia de negociación, si como dijimos, la aceptación de estas condiciones es premisa clave en una situación negociadora.

Cualquier intento de negociación que irrespete unas condiciones previas tan básicas, estará siempre condenado a un fracaso seguro.

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