Editorial Sic 714: Crisis global y Venezuela

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Editorial Sic 714. Mayo 2009

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La crisis es cíclica y al expandirse el capitalismo hasta abarcar a todo el mundo, la crisis globaliza. Esto implica que va a ser más difícil hacer como en otras ocasiones: extroyectar los costos de la crisis a los trabajadores y al tercer mundo, y expandir la producción y el mercado. Por el contrario, la polarización creciente, con la consiguiente depauperación de las clases medias y de las mayorías del tercer mundo, lleva a que el mercado, proporcionalmente contraído, se sobresature más rápidamente. Por eso los jefes de Estado están clamando por una reforma integral del capitalismo que equivalga a refundarlo.

¿QUIÉN PUEDE REFUNDAR EL CAPITALISMO?

No es tan fácil atisbar qué puede significar esta expresión. Pero sí lo es comprender que, si los presidentes diseñaran una alternativa, no tienen poder para llevarla a cabo. El poder sigue estando en el capital, sobre todo, en el capital financiero. Por eso, así como la crisis comenzó por los financistas, que son los culpables de este terremoto, así también a ellos mismos, aunque obviamente, con condiciones, se les ha encargado la solución y se les han dado los recursos. Esta aberración ocurre porque ellos son los que tienen el poder.

Y las mayorías, el demos de las sedicentes democracias del primer mundo, no pasa de ser un espectador asustadísimo, que sólo quiere que todo vuelva a la normalidad, aunque sea un poco menos satisfactoria que hasta ayer.

Los massmedia pertenecen a ese capitalismo, cuya cúpula son los financistas. Por tanto, ellos, no sólo no ayudan a tomar conciencia de lo que pasa sino que siembran ese estado de ánimo que lleva a ponerse en manos de los que se les aparecen, con poder para dar la vida o la muerte: la normalidad, así sea precaria, que da un respiro, o el desplome que parecería llevar a la muerte.

Tampoco hay líderes, que más cercanos a la gente, corriendo su misma suerte, promuevan una vida alternativa, que dote de imaginación para pensar en otro modo de vivir y de producir vida, y dé libertad para caminar en esa dirección, que dé paso a otra historia.

¿POR QUÉ REFUNDAR EL CAPITALISMO?

El sistema está fundado en la sobreproducción y el hiperconsumo y el último aderezo es la especulación. Estos motores son más contaminantes y efímeros que el petróleo. En primer lugar porque, como tiene que producirse sin cesar, lo que se produce es cada vez más desechable, luego cada vez se acumulan más deshechos. Pues bien, cada día hay más acuerdo en que la tierra no aguanta este saqueo y esa basura, que ya han roto el equilibrio ecológico y nos llevan a la degradación ambiental con la consiguiente muerte de un número creciente de especies, la disminución de recursos básicos, como el agua y el aire, y su envenenamiento progresivo, con el peligro consiguiente para toda forma de vida desarrollada, entre ellas la vida humana.

Pero además, este esquema no sólo es insostenible; es, más aún, irracional e inhumano. No sólo causa la opresión creciente y más todavía la exclusión de grandes masas sino que a la vez produce en los que lo usufructúan un espeluznante vacío humano. El fetichismo de la mercancía, que Marx denunció, no es una falsa percepción, desmentida por la historia; sino por el contrario, una profecía que se está cumpliendo: las mercancías aparecen como verdaderos sujetos y los sujetos humanos son degradados a la condición de fuerza de producción y a la de meros consumidores. En este sistema las mercancías valen más que los seres humanos, son exhibidas como seres numinosos, son codiciadas y se piensa que causan la felicidad. Quienes viven del tener se degradan, pierden la interioridad, se despersonalizan, porque la persona lo es por las relaciones humanas que entabla. Pero además a las mercancías son sacrificados los seres humanos como mera fuerza de producción, y ellos mismos se sacrifican para conseguirlas. Pero la situación ha llegado a ser tan desesperada, que millones de seres humanos suspiran por ser explotados, porque ni a eso alcanzan porque se encuentran simplemente desechados.

¿EN QUÉ PUEDE CONSISTIR?

Refundar el sistema económico mundial no puede ser más que regresar a la economía que acepta medirse por las necesidades humanas (en esta época mundializada por las de toda la humanidad) y no por las preferencias siempre manipulables y muchas veces irracionales. Nos parecen insustituibles el mercado y la iniciativa de los agentes económicos. Pero la incangeable libertad tiene que estar limitada por la libertad de los demás y por el bien común. Porque, en contra del liberalismo, la humanidad no es una sumatoria de individuos, ya que la persona humana llega a ser tal por las relaciones estables que entabla desde su genuinidad, que componen verdaderos nosotros, cuerpos sociales y en definitiva la humanidad como una familia de pueblos.

EL PROCESO VENEZOLANO NO ES LA ALTERNATIVA

En esta época mundializada, ningún país puede buscar un camino por su cuenta, aislándose del resto, y menos aún Venezuela, un país tradicionalmente dependiente por su condición de monoproductor, condición que hoy, con la sistemática destrucción de su aparato productivo, ha alcanzado las cotas más altas de su historia, a pesar de tantas declaraciones huecas de desarrollo endógeno.

Tiene razón el Presidente cuando clama contra las tasas desmedidas de ganancia, o contra las tierras ociosas y más en general contra las empresas improductivas. Pero no tiene autoridad moral para hacerlo porque no hay costos de producción tan aberrantes como los de Mercal, que son tales que, si los militares regalaran los alimentos, le saldría mucho más barato al Estado; porque no hay empresas tan improductivas como las nacionalizadas, como aquella célebre planta de Barinas, gloriosamente rescatada para la nación y los trabajadores, inaugurada tres veces y aún sin producir; porque la mayoría de las haciendas intervenidas por el INTI están abandonadas.

Por primera vez en la Venezuela moderna los entes del Estado son inauditables porque no tienen cuentas claras; y no las tienen, no sólo por incompetencia sino para tapar el despilfarro injustificable.

Hoy la condición de posibilidad, insuficiente, pero absolutamente indispensable, para plantearse cualquier alternativa a este tipo insostenible de capitalismo, pasa por una altísima capacitación generalizada, por una búsqueda incesante de aumento de productividad, lo que requiere una organización empresarial dinámica, una cultura obrera o más exactamente una cultura del trabajo bien hecho como fuente de realización personal, y un Estado que promueva unas reglas de juego claras que premien la productividad y la competitividad y castiguen la rentabilidad por las vías de las influencias y los monopolios.

Creemos que las mejores décadas de la modernización, sobre todo los años sesenta y setenta, sembraron en nuestro país una excelente capacitación y una acendrada cultura del trabajo. Algo de esto queda y aun bastante. Sin embargo, el rentismo, impulsado desde el Estado, llevó a cobrar por tareas políticas o por fidelidad al gobierno, sin trabajo productivo. Esto sucede hoy de una manera programática porque el Presidente ha proclamado repetidamente que para trabajar en PDVSA y en las demás empresas y oficinas del Estado el requisito principal es ser partidario del gobierno, antes que tener competencia para el puesto.

Esto significa que vamos o nos llevan en la dirección contraria a la historia. Es decir que hoy por hoy, pese a cualquier retórica, no estamos en condiciones de emprender ninguna alternativa superadora; porque hoy dependemos mucho más que antes de los que sí producen competitivamente; y será necesario un esfuerzo ímprobo, acompañado de un enorme sacrificio sostenido, para ponernos a la altura de la humanidad.

Sólo entonces podremos plantearnos metas y caminos alternativos. Sólo entonces podremos contribuir a refundar superadoramente el sistema. Todo lo demás es ceguera o engaño. Dios quiera que lo veamos pronto y nos unamos como país en esta dirección.

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