Conflictos laborales por doquier

José Ignacio Arrieta Álvarez

El sector laboral del sector público se manifiesta y protesta frente al gobierno enfrascado en ir copando las esferas de poder, sin dar respuesta a sus exigencias legales.

No hay casi ninguna empresa que haya sido estatizada sin conflictos o pre conflictos laborales, por razones de la no discusión de convenciones colectivas o la no aceptación de éstas, una vez firmadas.
Protesta CANTV
Es de notar el cambio actitudinal tenido en el Gobierno con respecto a las convenciones colectivas de empresas estatizadas con respecto a la situación previa a la estatización.

Se sabe que algunas empresas fueron estatizadas por dificultades de las entonces empresas privadas con los sindicatos, a quienes no se le quería pagar ciertas exigencias de los trabajadores. También es conocido el slogan chavista “Empresa parada, empresa tomada”. Se animaba los trabajadores a tomarlas para después estatizarlas. Es decir que una de las razones para su estatización era los conflictos generados por razones contractuales.

Un caso sintomático de eso fue CANTV. Si bien había otras razones ocultas para llegar a la estatización, el caso ventilado fue la negativa de la entonces compañía privada de cancelar bonos retroactivos a 8.000 ex trabajadores, amparados por una sentencia del Tribunal Supremo de Justicia.

En Sidor sucedió algo similar con el retraso en la firma de la convención colectiva durante tres meses. Es de notar que uno de los revulsivos en la discusión era lo relativo a las cláusulas salariales, ya que los trabajadores demandaban un aumento en dos años del 223% y la incorporación en nómina de los trabajadores de las empresas contratistas.

Pero ahora la cosa es distinta. El Estado es el patrono y además un Estado en crisis financiera, tardíamente reconocida por motivos electorales. Los cambios en la titularidad en el ministerio del trabajo no están alejados de estas circunstancias.

El conflicto del gobierno con sus trabajadores en todo el espectro por razones contractuales es amplio y total. Si a esto se añade que el Presidente no cree en un sindicalismo que no esté encuadrado en el proceso revolucionario, o que aun estándolo priva en los sindicalistas el deseo de autonomía sindical o la lucha por los intereses laborales, entonces la crisis se agudiza. No es de extrañar por tanto las descalificaciones hechas por el Presidente a estos líderes sindicales.

No hay quizás ningún área de la vida laboral pública que no esté en este momento mediatizada por conflictos debido a razones contractuales o salariales.

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