Apuntes sobre la situación venezolana

Arturo Peraza s.j.

Estamos viviendo una agitada agenda política y social al menos desde 1999 y muy especialmente estos últimos años. Esta agenda ha estado marcada por un conjunto de características que hoy podemos leer como transversales al proceso. Entre esas características quisiéramos destacar las siguientes:

  • eclosión de los sectores populares con la pretensión de ser actores o protagonistas de su historia,
  • preocupación por lo social como aspecto fundamental de la agenda política,
  • violencia generalizada, una de cuyas peores expresiones es la delincuencia,
  • intolerancia política producto de la polarización,
  • desintitucionalización del Estado
  • el rentismo.

Podrían quizás citarse otras características, pero al menos éstas explican varias de las circunstancias que hoy estamos viviendo.

En esta primera entrega quisiera referirme a lo que yo considero los aportes más positivos que ha tenido el actual proceso político, sin que ello obste para señalar algunas fallas.

1) La eclosión de los sectores populares

Desde los sucesos de El Caracazo los sectores populares cada vez más se han ido apoderando de la escena nacional. Esto se tradujo en un término político constitucional: democracia participativa. En el mejor de los sentidos la democracia participativa no se identifica con lo que se llama democracia referendaria (que más bien es una perversión). Ella se expresa en un conjunto de organizaciones (algunas de ellas impulsadas por el Estado como los consejos comunales, comités de tierra, comités de agua y otras más) a las cuales se les reconoce legitimidad para actuar y representar a sus comunidades. Esto ha permitido que sectores populares se empoderen y puedan llevar adelante, por ellos mismos, proyectos para el mejoramiento de sus lugares de vida. Hoy en día las comunidades son relativamente más concientes de su papel y exigen ser consultadas para cualquier proyecto que se quiera adelantar en ellas.

Estas ventajas no están exentas de graves peligros como lo es el control por parte del Estado y del partido de gobierno de esas formas organizativas, limitando o anulando la necesaria autonomía.

2) Preocupación por lo social

El proceso político impulsado por el Presidente Hugo Chávez ha puesto de relieve la agenda social. Temas que antes fueron tratados como “costo social” (asociado a la necesidad de una agenda económica, que exigía dicho sacrificio en función de un supuesto futuro mejor), ahora han pasado a ser prioridad, al menos en el discurso político. De hecho las mediciones electorales a las que se ha sometido el Presidente dan cuenta de un importante apoyo popular que viene granjeado por su consecuente apuesta por esos mismos sectores a través de lo que ha denominado “misiones”. Sobre las mismas se pueden hacer muchos señalamientos, pero indudablemente han llenado un vacío importante de atención a sectores de bajos recursos.

Pero esta política pública no ha podido resolver problemas estructurales e incluso los ha agravado. La ineficiencia mina la acción de gobierno y de hecho muchas de las victorias obtenidas en las elecciones del 23 N por parte de la oposición, así como el deslave de votos ocurridos el 15 F, son signos del agotamiento de esta propuesta social.

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Acerca del autor

Arturo Peraza sj

Jesuita. Provincial de la Compañía de Jesús en Venezuela desde 2010. Abogado y doctor en Ciencias Políticas de la Universidad Central de Venezuela. Exdirector de la Revista SIC.