Las dos caras de (la Declaración) de la Moneda

Eduardo Soto Parra sj

El pasado 15 de septiembre los jefes y jefas de Estado y Gobierno de los países integrantes de la Unión de Naciones Sudamericanas (Argentina, Bolivia, Brasil, Colombia, Chile, Ecuador, Guyana, Paraguay, Perú, Suriname, Uruguay y Venezuela) se reunieron en el Palacio de la Moneda, sede del gobierno chileno, con el fin de elaborar un documento de respaldo de la gestión del gobierno de Evo Morales y de rechazo a cualquier acción de golpe civil, ruptura de la institucionalidad o integridad territorial en la República de Bolivia.

Esta reunión extraordinaria, sin precedentes en la historia diplomática de nuestros países y que se realizó sin que haya sido expresamente prevista en el Tratado Constitutivo de UNASUR, suscrito en Brasilia en mayo de este año, tuvo como resultado la Declaración de la Moneda, que logra el señalado fin, pronunciándose en sus 8 apartados sobre la situación boliviana y saliendo al paso de la ambigua declaración que la Presidencia Pro tempore del UNASUR, recaída en el Ministerio de Relaciones Exteriores de Chile, había hecho sólo tres días antes.

La Declaración de la Moneda constituye un documento, en el cual, los países de la región sudamericana, sin necesidad de intervención otras naciones de fuera, se sienten con la suficiente fuerza y legitimidad como para exhortar al cese de toda violencia en la resolución de los conflictos políticos de alguno de sus países miembros y dejan claro la imposibilidad de que cualquier país de la región pueda resolver sus desavenencias internas al margen o ignorando la opinión de sus países vecinos. Esta situación, que podría catalogarse de intervencionismo, no es otra cosa que la condición necesaria para enrumbarnos hacia una autentica integración sudamericana, propósito que ha justificado la creación de UNASUR.

Pero lo más importante del documento, no está en las declaraciones y principios que expresa, sino que la opinión se ve reforzada con la creación de Comisiones de Investigación (en el caso de la Masacre de Pando), de Diálogo (presididas por la Presidencia Pro Tempore) y de apoyo y asistencia a Bolivia (presumimos de tipo humanitario) a fin de lograr el objetivo deseado de la paz y estabilidad política en el territorio boliviano.

Indudablemente, esta declaración y su “ejecutividad” a través de Comisiones que se crean al efecto constituyen una cara positiva de la situación, mas arrojan como otra cara de la “moneda”, la emergente sustitución de la diplomacia hemisférica presidida por la Organización de Estados Americanos, y en la cual los Estados Unidos de Norteamérica ha tenido un papel preponderante.

Esta situación hace surgir más interrogantes que respuestas ¿Será que estamos ante una Diplomacia Multilateral “a la carte”, de la cual dispondrán los países de la región atendiendo a sus fines políticos internos? ¿Hasta qué punto son compatibles los dos o tres sistemas interregionales que se solapan? ¿Sigue estando vigente el sistema de la OEA en relación a los conflictos internos de sus países miembros? Me aventuro a decir que la eficacia de las Comisiones indicadas en la Declaración de la Moneda para lograr la paz en Bolivia y la diligencia de los gobiernos que las compongan nos ayudarán a ver muy pronto la respuesta.

Artículos relacionados:

email