Las cooperativas de Hugo Chávez y la experiencia del “Padre Dorre”

Robert Scarcia*

Hugo Chávez es un hijo de la “modernidad global”, es decir de una época dominada por las imágenes televisivas y por el lenguaje publicitario. El jefe de la revolución bolivariana de Venezuela tiene un talento natural para navegar en el mundo mediático contemporáneo. Basta por ejemplo recordar aquel discurso en las Naciones Unidas en que Chávez trató al presidente estadounidense Bush de “diablo”. En aquella misma ocasión, hablando con entusiasmo de Noam Chomski, Hugo Chávez logró que en América del Norte, las ventas de los libros del mejor conocido crítico intelectual de la política de Estados Unidos en el mundo, aumentaran exponencialmente.

Sin embargo, cuando se trata de gobernar un país con grandes desequilibrios sociales como Venezuela, hace falta algo más que la capacidad de utilizar eficazmente imagen y lenguaje. En este sentido una mirada a lo que ocurre en la política muy concreta de las cooperativas en Venezuela permite entender el potencial y los límites del gobierno de Hugo Chávez, sin caer en juicios extremistas que acaban santificando o demonizando al presidente de un país complejo y que impiden una evaluación con matices.

Pude comprobar que los venezolanos a favor de la justicia social, incluso aquellos que hoy son críticos con el chavismo, piensan que nadie le puede quitar a Hugo Chávez el mérito de haber puesto al centro de la política del Estado la cuestión de la distribución más justa de los recursos del petróleo. Chávez ha buscado fórmulas para que los beneficios de la bonanza petrolera pudiesen llegar al pueblo venezolano en su conjunto y no sólo, como era de costumbre, a las elites del país. En este contexto la palabra “cooperativa” captura el imaginario del líder bolivariano porque traduce en lenguaje el concepto de empoderamiento autónomo del trabajador.

Alberto Dorremochea es un jesuita navarro que trabaja desde hace varias décadas con cooperativas en Venezuela. El “Padre Dorre” como le apodan amistosamente sus colaboradores y colegas ha sido el fundador de COPALAR, una cooperativa de productores de café en el estado venezolano de Lara, a 500 kilómetros al oeste de Caracas. “La cooperativa funciona cuando existe una ‘necesidad sentida’ de compartir un proyecto común y cuando los cooperativistas como sujetos autónomos deciden meter un capital común, o sea tomar un riesgo compartido” explica Dorremochea. “El chavismo en cambio impuso un cooperativismo al revés: parte de arriba hacia abajo. O sea, libera fondos y pide a la gente que se apunte. Efectivamente la gente se apunta, y esto es comprensible en una situación de pobreza en que de repente llegan los fondos del gobierno” reconoce Dorremochea, “pero la cooperativa fracasa”. Los datos estadísticos son elocuentes: de las más de 200 mil cooperativas que se fundaron en la época chavista sólo 7% de ellas está funcionando. El cooperativismo chavista se transforma entonces en una forma de asistencialismo para repartir los recursos del petróleo pero sin lanzar un proceso de superación estructural de la pobreza.

Los venezolanos que se consideran críticos constructivos del chavismo advierten que en el largo plazo el chavismo podría generar una cultura de la dependencia. Dicho de otra manera, Venezuela ha incrementado el gasto social y los índices de la pobreza van disminuyendo, pero nada indica que dicha política del gobierno Chávez está transformando a los pobres de Venezuela en sujetos productivos no dependientes.

En contrario…
En los últimos tres años, y en lo que afecta a muchas cooperativas, el gobierno Chávez impuso por ejemplo una política de control de los precios y prohibió las exportaciones de café. “Para nuestra cooperativa que había logrado conquistar un nicho en el mercado internacional del ‘comercio del precio justo’ de la red ‘Max Havelaar’ dicha prohibición ha sido un golpe muy duro” afirma Alberto Dorremochea. “En cuanto a la política de imponer precios de venta a menudo inferiores a los costos de producción del café, el resultado ha sido una escasez de café dentro de Venezuela y un aumento del contrabando hacia Colombia por los ‘caminos verdes’ de la larga frontera común”.

En resumen, una evaluación política del chavismo implica varios matices, porque se trata de saber por ejemplo, si Hugo Chávez no quiso, no supo, o no pudo utilizar la experiencia de las personas como el “Padre Dorre”.

* Periodista ítalo-francés

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