El rostro de Dios en la cárcel

Honegger Molina

Nos acostumbramos a tantas informaciones negativas sobre las cárceles que lo positivo ya nos pasa inadvertido. Durante quince días del mes de junio del 2008 los presos de La Planta recibieron la grata visita de unas setenta personas organizadas por la Confraternidad Carcelaria de Venezuela, con sede en el Centro Gumilla. Todos ellos, de distintas profesiones y consabido dominio en su área correspondiente, se acercaron con entusiasmo para ponerse al servicio del Dios preso.

La intensidad de la labor desplegada en los pabellones durante esos días con personal voluntario, entre quienes se encontraban varios estudiantes de medicina de la Universidad Central de Venezuela (UCV) alcanzó hasta la última celda. La atención médico-integral, el diálogo, la amistad, y, especialmente, la oración, fecundaron el trabajo en cualquier espacio de la cárcel.

Nunca más vigentes las palabras de la Carta a los Hebreos “acuérdense de los presos, como sí también ustedes estuvieran presos con ellos” (Hb 13,3). Manifestación de la fuerza del compromiso de los cristianos. Y para que no quede ninguna duda el mismo Jesús, en el discurso de las Bienaventuranzas, dijo: “cuando estuve en la cárcel viniste a verme, y muchos dirán: Señor, ¿cuándo te vimos en la cárcel…?”

En esta misma dirección, el viajar hasta las profundidades del alma de un preso permite descubrir el rostro desfigurado del propio Jesús que clama por más y mejor justicia en Venezuela. La cruel realidad de vivir guindando como si fuera el último minuto de su vida, puede llevar, tanto a la metamorfosis espiritual para regenerarse desde las profundidades de su ser-persona, como a la perversión más destructiva. No hay duda que al final todo quedará en la capacidad de administrar la libertad humana que es tan impredecible como el mismo Dios que la concede.

Oportunidad en la que se pudo ver algunos presos que sí viven, aunque de manera muy discreta, una densa transformación interior que los mueve hacía el nuevo nacimiento desde el Espíritu. Muchos son ayudados por personas como Amelia Medina, secretaria de la Confraternidad Carcelaria, y el padre Dionisio Gómez, párroco de la Iglesia Nuestra Señora del Carmen y capellán de la Cárcel de la Planta, quienes están acompañándoles semana a semana.

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