Desabastecimiento ayer y hoy: distintas causas, el mismo malestar

Pedro Trigo sj

El Caracazo se debió a que una medida económica necesaria, la liberación de la economía a sus propias potencialidades, quitándole las muletas de la protección estatal, se implementó sin las medidas de compensación social a los sectores populares, que estaban más expuestos a sufrir sus consecuencias, sobre todo el alza de los productos, ya que ellos no tenían la posibilidad de cargar lo que les vendían, por estar atenidos a su sueldo que no aumentó. La insensibilidad respecto al costo social de la medida le costó el puesto al Presidente.

27 febrero 1989 Caracazo

Los comerciantes tenían acaparados los productos porque esperaban aumentarlos sustancialmente. El pueblo sentía que no tenía para comer y que además el dinero que tenía no le llegaba para comprar. En su desesperación se decidió a asaltar los comercios para abastecerse. Al comprobar el acaparamiento se enfureció y reaccionó violentamente. Además, desatado el mecanismo, se disparó hacia otros productos, incluso no necesarios.

El gobierno cometió dos errores: el primero fue no actuar el día siguiente a los primeros saqueos. Si lo hubiese hecho todo habría quedado en un susto y una lección. Al no reaccionar, se pasó del saqueo espontáneo al mero robo. El segundo error fue más grave: el ejército actuó con una violencia absolutamente desmedida e irracional provocando el terror y la muerte de miles de inocentes.

Hoy el desabastecimiento no responde fundamentalmente al acaparamiento sino a la descomposición de la cadena productiva por una serie prolongada de medidas del Gobierno, dictadas desde una lógica ideologizada, sin tener en cuenta las condiciones concretas de la producción y el mercadeo. El exceso de ideología y la falta de profesionalismo están quebrando el sistema productivo.

Tradicionalmente ha habido entre muchos productores unas expectativas demasiado altas de ganancia. Pero eso no se corrige expropiando tierras y amenazando con expropiar empresas productoras y distribuidoras de alimentos, no se consigue con medidas discrecionales y erráticas sino con reglas claras basadas en estudios técnicos compartidos con los implicados.

Lo que se le pide a un Gobierno no es que explique las causas de un desabastecimiento que incumbe a demasiados renglones y que se prolonga demasiado, sino marcar pautas para que no se dé el desabastecimiento. Y la primera es la aceptación de la Constitución que reconoce la empresa privada no como un mal menor sino como motor indispensable de la vida económica de la nación. Y luego, colaborando eficazmente para que cumpla su función social. La importación masiva no puede ser la solución. Ésta sólo puede venir con el reforzamiento del aparato productivo y más en concreto por el aumento de productividad. Y esto debe ser acometido no sólo con aliento ético sino con rigor técnico.

Si no tomamos este camino, el malestar social con la inestabilidad consiguiente irá en aumento.

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