Convivencia democrática para trascender los conflictos sociales y priorizar las acciones frente los problemas

Víctor Hugo Febres J

Incluir al chavismo

El gran desafío actual de Venezuela es trascender la polarización. No aquella, la versión inmediata del asunto, aunque también esté implicada: del esfuerzo por reconstruir las relaciones, sanar las heridas y auspiciar un proceso de reconciliación.

El cuadro general de la cosa es más complicado. Se requiere de una identidad política trans-ideológica, articulada desde la diversidad que mejore las opciones actuales de “Chavismo” y “Antichavismo”. Lo estéril de esta confrontación va llevando cada día más al entero convencimiento de que ninguna de estas dos identidades, va o puede a resolver los problemas de esta sociedad.

La esencia del desafío consiste en superar la polarización como modelo de organización social y político, como pauta de toma de decisiones, dinámica permanente destrucción de la convivencia democrática, clave de generación de símbolos y de sensibilidades. Aunque habría que definir también la insensibilidad como uno de los elementos de la estética de nuestra polarización venezolana.

Si realmente se hubieran aprendido las lecciones de este tiempo, no tendría lugar la estrechez política reciente, del secretario general de Acción Democrática, Ramos Allup, de negar toda posibilidad a articularse con algún posible candidato de PODEMOS, o con cualquier persona que haya sido chavista en el pasado inmediato. Al expresarse y practicarse esta pauta se está reproduciendo el esquema de polarización y se le están restando posibilidades de articulación a los factores políticos de este tiempo, autodenominados de oposición o bolivarianos.

La materia no es sencilla pues supone anteponerse a fobias y prejuicios, vivencias pasadas con fuertes impresiones emocionales. Recuerdo una reunión del desaparecido grupo “Los del Medio”, donde se discutía con quien sí o con quién no reunirse. Una amiga periodista no disimulaba su repugnancia al plantearse la hipótesis de un encuentro con un acción democratista.

Mi posición fue que las alergias de este tipo no debería ser la lógica que determinara la decisión de sentarse o no con alguien. El principio debía ser el de sentarse con todos, incluso con los adecos, porque en un nivel de comprensión Venezuela es tanto eso, como lo es la identidad bolivariana. En términos más sencillos si toca reconstruir esta sociedad venezolana y eso supone el aporte de los adecos o de los chavistas, no hay que excluir, porque en como dicen en Amigos Invisibles “esto es lo que hay”.

No basta preservar el espacio de la convivencia democrática si imposibilita los cambios que requiere la sociedad venezolana. Pretender que las cosas vuelvan o se mantengan como en el pasado significa ubicarse en el conservadurismo.

Desde la convivencia democrática se debe propiciar un fortalecimiento de los mecanismos para la resolución pacífica de conflictos y la atención de los problemas. Desde la convivencia democrática se deben priorizar acciones ante los problemas, más que proyectos, planes y promesas.

Gobernar desde el autogobierno de la sociedad civil, siendo esta la vanguardia que arrastre al resto de los sectores de la sociedad venezolana incluido el estado. Problemas como la inseguridad y la pobreza escapan de las manos de este y cualquier gobierno y de las posibilidades reales del presente Estado venezolano.

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