Consejos para los presuntos “magnicidas”

Eduardo Soto Parra sj

Desde hace unos meses el Presidente de la República ha venido insistiendo reiteradamente en un supuesto plan que tienen algunas personas para acabar con su vida. Estas afirmaciones, que han sido consideradas irrelevantes por algunos personeros de la Oposición, en mi criterio, no deben ser tomadas tan a la ligera, pues no existe nada en el país que indique que la vida del Presidente esté completamente blindada, así como tampoco está blindada la vida de cualquiera de los venezolanos.

Además, muchas veces en conversaciones informales, cuando se habla del país, muchas personas manifiestan sentimientos de auténtico odio hacia el Primer Mandatario, lo que me hace pensar siempre en que si alguien común y corriente puede albergar esos sentimientos, en mayor medida esto podría ocurrir con las grandes cantidades de venezolanos que se han visto sin trabajo, sin oportunidades, inseguros y desatendidos durante la gestión del gobierno bolivariano.

En este sentido, siempre trato de aconsejar, en mi rol de acompañante espiritual o de amigo, que esos sentimientos tan funestos no llevan a nada, pero, luego de las afirmaciones presidenciales sobre las tendencias asesinas de algunos de sus opositores, me atrevo a decirle firmemente a esos presuntos magnicidas: NO, por favor. No lo hagan. No atenten contra la vida de Chávez.

De verdad que la primera razón de este consejo es elemental ética cristiana: No se puede desear la muerte de nadie, ni mucho menos atentar contra la vida de alguien. Es algo que va contra el 6º mandamiento del Decálogo y contra la Doctrina de Jesucristo. Aparte de eso, un atentado, sea cual sea el resultado, tendría consecuencias políticas contrarias siempre a la tendencia política de quienes adversan al Presidente:

  • Si queda vivo, ya sea porque funcionan las supuestas guayaberas antibalas de costo multimillonario, o por fallas humanas o logísticas, tal situación de “víctima” sería explotada políticamente por Chávez de manera exponencial, tal y como hizo y hace uso de su reclusión forzada del 12 de abril, cuestión que lo ayudaría a perpetuarse aun más en el poder;
  • y si no, el país se quedaría sin el único líder de impacto nacional, quién, duélale a quien le duela, es el único que puede garantizar una mínima paz social dentro de nuestra convulsionada y cada vez más violenta Venezuela. Ninguno de los que lo siguen, ni sus opositores tienen el arrastre popular de Chávez, su vacío no podría ser llenado por nadie en corto plazo, sus partidarios lo convertirían en mártir del pueblo y leyenda quedando los problemas del país intactos hasta tanto se organicen y reencuentren las fuerzas políticas, y se haga un proyecto mancomunado de República, en desarrollo de la Constitución de 1999, lo cual podría perfectamente ocurrir mientras él esté mandando, cuando tengamos una Asamblea Nacional de distinta composición, en la cual se debatan, de verdad, los grandes problemas del país.

Por todo lo expuesto, mi consejo para los presuntos magnicidas, es que se queden quietos. No hagan nada contra la vida del Presidente, no queremos ni un muerto más. Ya tenemos bastante con los centenares de venezolanos que mueren semanalmente en Venezuela.

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