Bolivia: los ricos y la derecha también hacen revoluciones (o pretenden hacerlas)

Jesús E. Machado M.

Mujeres Aymaras16 campesinos ajusticiados se suman a otras tantas decenas de indígenas y mestizos asesinados en la historia reciente boliviana. Pueblo que sufre otras formas de muerte como la negación a la existencia de sujetualidades culturales diversas. La muerte real y simbólica de los empobrecidos ha sido una constante en esa nación suramericana. Los muertos los ponen los de siempre, la alevosa mano “matadora” la de siempre.

El conflicto boliviano no puede explicarse por los argumentos de la autonomía y la retención de impuestos de los hidrocarburos. Esos son elementos superficiales. Lo que está más de fondo es la existencia de dos proyectos históricos profundamente antagónicos.

Los prefectos de los cinco departamentos separatistas, lo que se ha dado llamar la Media Luna, han trabajado para deslegitimar y bloquear al gobierno de Evo Morales. La cantidad de recursos petroleros, gasíferos y tierra mueven los intereses de este proyecto modernizador que ve como una rémora para el desarrollo al estilo occidental y capitalista, la existencia de indígenas, mestizos, campesinos y pobres en general, más aun sin gobiernan. Se sienten salvadores y portadores de la luz de la salvación modernizadora a partir de la autoconciencia de ser descendencia europea ¿cómo indígenas, campesinos y mestizos pueden gobernar un país?

Graffiti en Cochabamba
El departamento de Santa Cruz, muestra en su configuración topográfica esta contradicción. Una élite político-económica que se asume blanca, moderna, ilustrada, con un alto componente racista antiindígena (he ahí su identidad) ligada a intereses transnacionales, tremendamente conservadora y clara partidaria del pensamiento neoliberal, acostumbrada a gobiernos patriarcales y represivos utilizan los recursos que aportan la riqueza petrolera y del gas natural para financiar complejos de edificios modernos y se pasean en costosos vehículos, vestidos según la última moda con trajes de marca.

En los sitios periféricos se muestra la otra cara, la poblada por migrantes internos, campesinos, indígenas y mestizos en agonía perenne, que arañan jirones de tierra infértil, haciendo lo que saben hacer, luchar para sobrevivir.

La presidencia de Evo Morales marca un punto crucial de un proceso, todavía en marcha, de acumulación de fuerza de la sujetualidad étnica y de clase, con formulación de objetivos políticos de largo alcance con un proyecto político que han denominado socialista.

Siglos de racismo antiindígena rebrotan con mayor ferocidad en momentos en que las fuerzas en pugna y los proyectos políticos que encarnan, se van definiendo más claramente. El choque de fuerzas de la sujetualidad popular y la élite político-económica y los proyectos de país de los cuales son portadores vienen a dar cuenta de estos episodios.

Las tentativa de golpe de estado del recién pasado año planeado desde las regiones separatistas utilizando como avanzada a sectores policiales que intentaron sumar a elementos claves de las fuerzas armadas y ahora la masacre de campesinos por los grupos cívicos (¿cívicos?) muestra que las élites económicas y la derecha no le gusta perder. Cuando no funciona la muerte simbólica no tiene ningún escrúpulo para apelar a la muerte física.

La Paz, Bolivia. Foto de Guillermo Durán

Este jueves 18, prefectos y gobierno nacional, se sentarán para intentar dialogar algunas pautas para pacificar el país e intentar dar un tipo de salida a la crisis política. Todos apostamos para que esas conversaciones sean exitosas. Pero sabemos, la historia es muy rica en ejemplos, que hasta que una de las fuerzas en pugna no se sobreponga definitivamente una sobre la otra no habrá resolución real a la crisis.

Con las actuales conversaciones es posible que se resuelva la presente crisis política momentáneamente, hasta que venga la próxima crisis ¿definitiva?

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