Análisis de los resultados electorales 2008

Arturo Peraza s.j.*

Las elecciones ocurridas el domingo 23 de noviembre tienen diversas aristas que irán brotando en la medida en que transcurra el tiempo y tengamos nuevos datos de lo que podemos calificar como un pronunciamiento importante de la población venezolana.
Elecciones 23N

Quizás el más importante elemento a destacar fue el aumento considerable de la participación en elecciones regionales. Una participación aproximada del 65% de los votantes es un éxito para las organizaciones políticas, para todos los candidatos, para el CNE, para el proceso democrático venezolano y en particular es una derrota a cualquiera de los grupos que postulen salidas de fuerza. En ese sentido la población venezolana ha hecho una opción consecuente desde los años 60 hasta el presente y no ha asumido como propia las acciones que buscan soluciones impuestas.

La confianza de que por medio de los votos se puede solventar las diferencias políticas, establecer verdaderas legitimidades, buscar nuevos caminos, reforzar procesos que se vienen llevando adelante, es un aspecto fundamental que hace viable un sistema democrático en Venezuela- La experiencia del 23N lo ha reforzado.

Sobre los resultados, un primer punto a señalar es que el PSUV y sus candidatos (en particular el Presidente de la República) siguen siendo mayoría, tanto por la cantidad de estados y alcaldías ganadas, como por el número absoluto de votos obtenidos. Es complejo señalar cifras pues se trata de elecciones regionales, donde el nombre del candidato pesa tanto o más que su adscripción política. Pero abusando de los datos podemos decir que aproximadamente la oposición obtuvo unos 4.4 millones de votos y el oficialismo 5.4 millones de votos.

Este dato habría que contrastarlo con el mejor desempeño de cada uno de los factores. En el caso de la oposición en el referendo del 2 de diciembre de 2007 el número de votantes por la opción del NO fue similar. Esto supone que la oposición en principio logró sostener su masa votante, no la supero y
es similar (con un relativo aumento) a la obtenida en diciembre de 2006. Mientras el oficialismo, si bien supero con creces su desempeño con respecto al referendo del 2 D, sigue estando muy por debajo del desempeño que tuvo en el año 2006 cuando el Presidente de la República fue reelecto con 7.3 millones
de votos. Es decir el deslave de simpatizantes se mantiene. Este deslave electoral tiene implicaciones importantes para el sector oficial en la pérdida de sectores simbólicamente vitales. El caso más importante a ser señalado es Petare. Se trata de un sector popular, una de las más importantes barriadas de Caracas donde más promesas el actual proceso ha realizado. Un sector atendido por diversos programas y misiones que ya en el 2007 señaló su desagrado al votar mayoritariamente por la opción del NO y que ahora pone de manifiesto la necesidad de cambio al elegir a un candidato de la tolda política de oposición como su nuevo alcalde.
Elecciones 23N
Esta opción de cambio político se ha extendido sobre toda la región capital. Así tenemos que incluir en ella al Estado Miranda y al Distrito Metropolitano. De igual manera hay que señalar que cambia de factor político el Estado Táchira y el Estado Carabobo. La oposición mantiene las dos gobernaciones que logró sostener luego de la debacle de 2004. Eso es una señal que el Presidente necesita leer urgentemente por lo menos en dos direcciones.

Lo primero es que hay descontento en los sectores populares citadinos. Petare tiene un conjunto de problemas estructurales que no han sido abordados y que han dado al traste con apoyo que antes le daba al proyecto presidencial. No es suficiente ahora un lenguaje de inclusión y reconocimiento social, sino que se requieren un conjunto de acciones eficientes que requieren gerencia frente a los problemas cotidianos de la población. El Gobierno muchas veces carece de esta gerencia y eso ha pasado una factura importante al momento de las elecciones. El tema no es una opción ideológica, sino el servicio a los intereses de la población que se gobierna.

Un segundo aprendizaje es que el lenguaje pugnaz no rinde los frutos que se pretenden. Así por ejemplo, el Presidente uso este lenguaje para galvanizar a sus seguidores en el Zulia, al punto de amenazar y chantajear a la población de ese estado con el tema de los recursos. Tal conducta logró más bien que el candidato de la oposición se consolidará como ganador de las elecciones en esa región. De igual forma parece que esto ocurrió en Carabobo. No así ocurrió en el Estado Sucre donde la intervención presidencial sí parece haber rendido los frutos buscados.

Otro elemento a ser estudiado es la situación del chavismo disidente. Este ha quedado mal parado en el mapa político. Su condena es la inexistencia política al no poder obtener ninguna gobernación. Eso implica un fortalecimiento para el liderazgo del Presidente en sus filas y a la vez un fortalecimiento del PSUV como único representante legítimo de las filas del chavismo. Como mala noticia habría que decir que esto también tiende a reforzar la polarización y el que no aparezcan en el espectro político grupos que puedan ser ubicados al centro del debate nacional.

La oposición no debe leer estos resultados como una victoria aplastante sobre el chavismo porque no hay nada más lejano a los resultados obtenidos el 23 N que esa versión. Sin duda la oposición ha ganado un mayor espacio político. La pregunta es si entenderá a sus electores y podrá responder a
este nuevo acto de confianza que sectores populares han depositado en ella. Eso es lo que comenzaremos a ver desde el año 2009.

* Director de Sic

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Acerca del autor

Arturo Peraza sj

Jesuita. Provincial de la Compañía de Jesús en Venezuela desde 2010. Abogado y doctor en Ciencias Políticas de la Universidad Central de Venezuela. Exdirector de la Revista SIC.