Movimiento Estudiantil (II): ¿democrático?

Jesús E. Machado M.

Los medios de información masiva continuamente dan cuenta de las declaraciones de los diferentes líderes estudiantiles en donde estos hacen continua referencia a la democracia. Cada movimiento estudiantil en pugna se siente portador de la antorcha democrática, acusando al otro movimiento estudiantil de antidemócrata.

En medio de esto surge una interrogante ¿Cuál fue el mecanismo mediante el cual fueron nombrados esos estudiantes, con alta exposición mediática, representantes de “todos” los demás estudiantes”?

Hasta ahora, tanto los líderes del movimiento estudiantil “rojo, rojito” como los del movimiento estudiantil “blanco, blanquito” no han mostrado el mecanismo democrático mediante el cual la “gran masa estudiantil” los designó sus representantes, voceros, delegados…

Es evidente una falta de coherencia en la práctica democrática. Los blancos, blanquitos deberían mostrar, de acuerdo a su discurso democrático liberal, como ha sido el proceso de delegación de representación de los llamados líderes de su movimiento estudiantil. ¿Gaetano Mosca y Wilfredo Pareto al ataque?

De igual modo los rojos, rojitos no han dado muestra de que sus representantes accionan de acuerdo a la democracia revolucionaria de la cual se dicen portadores. ¿Joseph Stalin resucitado?

Eso en los ámbitos internos de los movimientos estudiantiles. Si consideramos el asunto desde las relaciones que establecen con los otros movimientos estudiantiles la situación empeora.

Estos líderes de los movimientos estudiantiles no pierden oportunidad para dar rienda suelta a la violencia ofensiva ilegítima. Son muy pocas las oportunidades en que ambos bandos han podido sentarse a la misma mesa y exponer su respectivas ideas y argumentos para realizar un verdadero debate democrático, el cual trasciende el mero hecho de exponer los propios argumentos y de escuchar los argumentos del otro, Jurgen Habermas podría echarle una mano en esto.

Lo que han mostrado estos movimientos estudiantiles es una intolerancia por las ideas de los contrarios, poca disposición real a un debate democrático, protagonismo personal, paso franco y continuo a la violencia ofensiva ilegítima y cierto autoritarismo velado. Estas acciones dicen mucho más de sus “ideas democráticas” que los grandilocuentes discursos.

Si evaluamos las verdaderas prácticas de estos movimientos estudiantiles, lo democrático no es más una acción discursiva retórica. Lo democrático para ellos no es más que un arma arrojadiza en contra de los oponentes pero que no permea sus relaciones a lo interno de los movimientos estudiantiles ni mucho menos con los otros movimientos estudiantiles en pugna.

Los movimientos estudiantiles tienen la materia democrática pendiente y si no ponen cuidado pueden perderla por completo y reprobar la carrera.

Artículos relacionados:

email