Está naciendo un nuevo pueblo para un nuevo sistema social-democrático

Gerardo Rosales, SJ
Seminarista Jesuita

“Es necesario crear en el hombre latinoamericano una sana
conciencia moral, sentido evangélico crítico frente a la realidad,
espíritu comunitario y compromiso social. Todo ello hará posible una participación libre y responsable, en comunión fraterna y dialogante para la construcción de la nueva sociedad verdaderamente humana y penetrada de valores evangélicos.”
(Documento de los Obispos en Puebla, 1979)

A través de la historia del Socialismo se puede observar que el líder carismático que llevaba el timón ha terminado por ignorar la tripulación del barco. No menos ha sucedido con los sistemas de gobierno que lo toman como bandera en el mundo. Este dos de diciembre, el pueblo de Venezuela demostró que las propuestas político-ideológicas realizadas por este gobierno de turno no se deben imponer sino que se debe consultar al superior sujeto digno de un Estado: El Pueblo.

En nuestro país ha calado profundamente la construcción de un nuevo sistema social, y lleva 40 años o más de intensos partos intentando hacerse, en especial estos últimos nueve años. Hay hechos concretos que el pueblo venezolano desea formen parte de esa concepción del nuevo socialismo democrático, y otros aspectos y realidades que no las quiere ni en pintura.

No piensen que soy pesimista, pero empezaré a describir aquellos elementos que el pueblo venezolano rechazó en las pasadas elecciones del 2-D: la corrupción, la imposición y el absolutismo, la burocracia y el belicismo social.

La Corrupción: Podría ser cierto que este Gobierno ya no regala el petróleo a las poderosas trasnacionales o a las pequeñas élites que poseían toda la riqueza nacional. Pero está ocurriendo algo, a mi juicio, más perjudicial. Pareciera que la cantidad inmensa de dinero que está manejando este Gobierno se la lleva el viento, pues las respuestas a las necesidades de los venezolanos no son proporcionales y equilibradas al ingreso que el Estado posee en estos momentos. Pareciera que ya no está sólo la vieja y corrupta élite, sino que se está gestando otra tan rica, ambiciosa y controladora del poder como la vieja. He aquí uno de los principales retos del Gobierno y del Estado, un reto de urgencia extrema, porque los efectos del vicio de la corrupción se refleja en el abandono de nuestros hospitales, de las familias sin hogar, de nuestras calles destruidas, etc.

La Imposición y el Absolutismo: También es cierto que hemos ganado en algunas libertades y derechos para nuestro pueblo, asimismo es innegable que algunas otras cosas quieren imponerse al mejor método del pasado, a través del golpe de estado. Los oficialistas ven el golpe de estado incitado desde el exterior, específicamente los Estados Unidos. La oposición ve el golpe de estado desde las filas del mismo Gobierno, intentando hacerlo de forma legal a través de reformas apresuradas o a través de las luchas de poder internas que se comienzan a generar. El pueblo no desea ninguno de los dos tipos de imposición y demostró que, si se llegara intentar hacer por cualquiera de las dos vías estarán atentos y dispuestos a defender la patria y la democracia.

La Burocracia: Que afecta la agilidad de respuesta a los problemas urgentes de nuestra sociedad. Todo el enmarañamiento, regularización y complejidad que se propone y que se ha realizado en los poderes públicos, más que ayudar han obstaculizado la gerencia y efectividad en el gobierno. Ahora contamos cono una cantidad de ministerios, de organismos estadales y gubernamentales y, hasta complejas organizaciones populares, pero sin una clara dirección teórico-práctica para la marcha efectiva de la ley y la justicia. Algunos increpan esto diciendo que así ocurre y ha ocurrido en Latinoamérica durante muchos años, pero ¿debemos seguir padeciendo de estos males teniendo la solución en nuestras manos?

El Belicismo Social: El lenguaje con que se trata los temas sociales y políticos reflejan las posibles respuestas que deseamos darle. Aquí ya no se habla de diferencias, dificultades, objeciones, etc., Ahora hablamos de batallas, guerras, enfrentamientos, enemigos. El lenguaje bélico y las acciones violentas, tanto del gobierno como de la oposición, nos hacen ver que al otro hay que, no sólo vencerlo a nivel de ideas y de manera concreta, sino que hay que desaparecerlo; es decir, con el otro no podemos convivir, al otro hay que borrarlo del proyecto. A su vez, intenta legalizarse dicho lenguaje bélico cuando en una reforma se proponen frases como “guerra popular de resistencia” y “milicia popular bolivariana”. Todos sabemos qué significa el término popular para nosotros los venezolanos y venezolanas.

Permítaseme describir cuáles son los hechos y componentes concretos que el pueblo de Venezuela desea prevalezcan en su país: Democracia Social (definida, aplicable e incluyente), Estado, gobierno y Ciudadanos (Separación clara entre estos) y un Sistema Económico Efectivo. Además, se exige que se desarrolle como valores: La Conciencia Moral, La participación Libre y responsable, y, sobre todo, los derechos individuales, Sociales y Emergentes. Cada uno de estos últimos puntos fueron propuestos, así como están anunciado aquí, en el Documento de Puebla, trabajo realizado por los Obispos Latinoamericanos en el año 1979 y que citaré al final de este artículo.

Democracia Social: Y esto no es más que la incorporación planificada de condiciones que asegure resolver, de manera audaz y eficiente los problemas que agobian a la sociedad venezolana. Dichas condiciones se sustentan en la participación de todos los conjuntos que forman parte de la sociedad, sin excusión de ninguno de ellos o el menosprecio de los aportes que pudieran hacer. La democracia social tiene como eje central evitar la reprensión, la eliminación y la privación de libertades a quienes forman parte del engranaje social de un país y busca, por el contrario, unificar fuerzas en miras al bienestar general.

Separación funcional entre Estado-Gobierno-Ciudadanos: Evidentemente que se hace cada vez más indispensable reconocer los límites de cada una de estas entidades político-sociales. Pero la separación de estos entes se hace necesaria no por capricho de unos pocos que quieren atentar contra el mandato de un buen o una buena presidenta, sino porque sus funciones son y deben ser específicamente distintas.

Sólo quiero añadir una breve definición de cada uno de estos entes, dichas definiciones pertenecen a Rapfael D, en su texto Problemas de la Filosofía Política: “Gobierno se refiere a todo el marco institucional de poder de un estado… El Estado es la institución o asociación política por excelencia, donde la gente sostiene sus lazos de dominio. El Estado una entidad con personalidad jurídica…”

No es mi intención ahondar aquí en esto y hacer de ello una cátedra. Para entender visualmente lo que significa esto, utilizaré el siguiente ejemplo que ya usé en alguno de mis escritos: “…cuando el presidente de la República, Hugo Chávez Frías, firma un convenio ya sea con Cuba o con Rusia, quien firma el convenio no es el presidente de la República, ya que es un funcionario más, sino el Estado de cada país.”

Lo que está en juego en nuestro país es que el Estado no pierda su marco democrático aunque sea socialista o de otra tendencia, y esto con la intención de que nuestro modo de gobierno no sea represor de los derechos de los ciudadanos.

Otro peligro al respecto es cuando los ciudadanos se circunscriben dentro de entidades como la Fuerza Armada o Funcionarios de Gobierno. Sin son miembros de entes como los dos anteriores se diluye su carácter de ciudadano con los derechos y deberes que tiene cualquier otro. Los funcionarios militares y de gobierno poseen sus leyes y reglamentos internos que les regula su forma de vida. Esto hay que tenerlo en cuenta cuando se hacen planteamientos como los de la negada reforma en cuanto a milicias populares, Comunidades organizadas, las Comunas y los Auto Gobiernos Comunales, sobre todo porque no se encuentra claro quién está supeditado a quién y dónde se enmarca su funcionalidad.

Sistema Económico Efectivo: Que implica un acceso a los medios económicos actuales, donde la actividad productiva se vea beneficiada y el poder adquisitivo de los ciudadanos sea real. Ello implica un estudio moderno de los distintos sistemas económicos para ver qué hay de bueno en unos y qué hay de bueno en otros con la intención de organizar nuestro sistema económico de la manera más justa. Si intentamos imitar cualquiera de los dos sistemas que se han impuesto a lo largo de la historia, especialmente desde la modernidad, fracasaremos, ya que podemos ver cómo han fracasado en su intento de imponerse en sus formas puras. En esto confieso que coincido con Hume: “no hay nada cien por ciento puro”.

Decía también que estos elementos antes nombrados como necesarios para la construcción del país y que los ciudadanos desean, deben ir acompañados de algunos valores humanos:

Conciencia Moral: Que posibilite la vida de los otros desde la capacidad propia e individual de dar vida a los demás. Ello implica un examen constante de los principios con los que nos movemos en nuestras relaciones interpersonales y sociales en general. Y es que la conciencia moral no es sólo unas cuantas normas éticas o un sentimiento fortísimo que sale de nuestro generoso corazón. La conciencia moral es la capacidad de relativizar mis verdades para hacerla coincidir con las verdades de los otros y de sintonizar mis sentimientos con los de los demás, por contrarios que parezcan, probablemente así podamos construir una conciencia moral social.

La Participación Libre y Responsable: Uno de mis profesores universitarios que una de las formas de participación es diciendo: “te participo de debes trabajar o, te participo que debes hacerme caso, etc.”, sí, es bastante irónico pero se corre el riesgo de la implementación de ese tipo de participación.

Los ciudadanos se merecen participar con responsabilidad y libertad, es decir yo no soy el que le pongo el límite de su participación sino la misma actividad democrática y, tampoco soy quién para juzgar las ideas desde las que aporta su participación, siempre y cuando estas sean coherentes y ayuden a la construcción de la sociedad.

Derechos Individuales, Sociales y Emergentes: Referente a esto me apegaré a la definición que los obispos de puebla hicieron en aquel entonces:

“Derechos individuales: derechos a la vida (a nacer, a la procreación responsable), a la integridad física y síquica, a la protección legal, a la libertad religiosa, a la libertad de opinión, a la participación en los bienes y servicios, a construir su propio destino, al acceso a la propiedad y a «otras formas de dominio privado sobre los bienes exteriores» (GS 71).
Derechos sociales: derecho a la educación, a la asociación, al trabajo, a la vivienda, a la salud, a la recreación, al desarrollo, al buen gobierno, a la libertad y justicia social, a la participación en las decisiones que conciernen al pueblo y a las naciones.
Derechos emergentes: derecho a la propia imagen, a la buena fama, a la privacidad, a la información y expresión objetiva, a la objeción de conciencia «con tal que no se violen las justas exigencias del orden público» (DH 4), y a una visión propia del mundo.
Sin embargo, la Iglesia también enseña que el reconocimiento de estos derechos supone y exige siempre «en el hombre que los posee otros tantos deberes: unos y otros tienen en la ley natural que los confiere o los impone, su origen, su mantenimiento y vigor indestructibles» (PT 28)”

Este artículo es un llamado a la reflexión del tema social y político en nuestro país, ya no sólo desde la cara conflictiva que tenemos años viendo, sino desde una mirada generosa, dialogante y abierta. Es empezar a mirar y tomar conciencia que yo no soy el único que puede sacar este país adelante, sino que somos todos y todas indispensables para este propósito, nuestras ideas, nuestra participación activa y nuestra capacidad de sentarnos a hacer un proyecto común con los “ideológicamente diferentes” pero que son mis hermanos y semejantes de patria, si no se le quiere ver desde el punto de vista religioso.

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