Editorial Sic 694: Pre-Aparecida

Portada SIC 694Editorial Sic 694. Mayo 2007

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Los gozos y las esperanzas, las tristezas y las angustias de los hombres de nuestro tiempo, sobre todo de los pobres y de cuantos sufren, son a la vez gozos y esperanzas, tristezas y angustias de los discípulos de Cristo.

Para reflexionar sobre los problemas de América Latina, sus obispos han realizado ya cuatro Conferencias Generales: la de Río de Janeiro en 1955, la de Medellín en 1968, la de Puebla en 1979 y la de Santo Domingo en 1992. Y ahora se preparan para tener la quinta en Aparecida (Brasil) este mes de mayo de 2007. La meta que se han propuesto es excelente: para que nuestros pueblos tengan vida. Y el camino que nos señalan es: discípulos y misioneros de Jesucristo.

Dicen que el modo de producción determina el producto. El Consejo Episcopal Latinoamericano ha venido preparando su quinta conferencia con dos años de anticipación. Se sacó un primer borrador que tuvo la virtud de motivar una amplia y activa participación del Pueblo de Dios. Dos mil cuatrocientas páginas de aportes que ahora han sido recogidas en una “Síntesis” de “inspiración y consulta”. Esta síntesis tiene múltiples aportes muy interesantes. Ya es un primer fruto para nosotros, de esta convocatoria.

El documento usa, en la práctica, el método “ver, juzgar y actuar”, utilizado en anteriores Conferencias Generales del Episcopado Latinoamericano. Consta de tres capítulos. En el primero mira a nuestros pueblos. En el segundo ofrece criterios para el discernimiento y la misión, a partir de la revelación. El tercero se ocupa de la actuación evangelizadora de la Iglesia. Los sintetizadores han querido dar al método una dimensión trinitaria, que nos parece que no ayuda sino que complica la presentación.

VER.

Los aportes hacen referencia a dolorosas situaciones en el orden económico, político, cultural, social y religioso. Hablan de hambre, enfermedades, guerras, desigualdades sociales, corrupción, fragilidad de las relaciones humanas y afectivas. Hacen  muy buenos análisis sobre la familia, las mujeres, la sociedad, los pobres, el trabajo, el empleo, el ingreso, el poder, la democracia, las víctimas de la violencia, los migrantes, los indígenas y afrodescendientes, la Iglesia, las sectas.

Los aportes entran a analizar las causas de esas situaciones descritas: los intereses económicos transnacionales, la globalización económica, la economía neoliberal, el mercado, los capitales especulativos, las soluciones populistas, el autoritarismo, la crisis de las democracias, el relativismo ético, la corrupción. Completan el cuadro con aspectos positivos, de manera especial en la Iglesia.

JUZGAR.

Los aportes juzgan nuestras realidades a la luz de la Palabra de Dios. Recuerdan como Israel descubre en la historia que Dios es rico en amor y misericordia y que éstos atributos divinos son fuente de vida y liberación. Cristo se identificó particularmente con los hambrientos, los sedientos, los migrantes, los desnudos, enfermos y encarcelados. Nos llama desde los hermanos que sufren, a los que quiere servir con nuestra colaboración. Dicen que mirando la multitud de pobres y desempleados, que están excluidos de tantos beneficios sociales, no podemos concebir una oferta de vida en Cristo sin un dinamismo de liberación integral, de humanización y de inserción social, en el que los pobres sean reconocidos como sujetos de su propio destino. Para los cristianos de América Latina, los derechos humanos son los derechos de todas las personas sin excepción, pero especialmente de los más indefensos, que están privados de su ejercicio. Somos una mediación de la cual Cristo mismo ha querido depender. No vino a ser servido sino a servir y dar su vida como rescate por todos. Por eso nos repite constantemente: “Denles ustedes mismos de comer”.

ACTUAR.

Los aportes indican que los miembros de la Iglesia necesitamos reaccionar, dejándonos interpelar por las voces de Dios que surgen de todos los rincones del Continente. En primer lugar, se impone un ejercicio continuo de discernimiento. En segundo lugar, sobresale una apremiante exigencia de conversión individual y colectiva. Por último, se requiere forjar un estilo más dado a la oración y al trabajo misionero.

Dicen que llegó la hora de nuevas síntesis integradoras. Por ejemplo, entre evangelización y sacramentalización, entre testimonio y anuncio, entre anuncio y denuncia, entre pastoral popular y formación de laicos, entre opción preferencial por los pobres y atención a la clase media y a los grupos dirigentes, entre pastoral, espiritualidad y compromiso social, entre valores tradicionales y búsquedas actuales, entre liberación social y promoción de la fe, entre teología y praxis, entre culto y testimonio de vida, entre causas locales y nacionales y apertura a Latinoamérica y el mundo, entre identidad católica y apertura al diálogo con los diferentes. No se trata de debilitar o relativizar alguna de estas exigencias, sino de que la Persona de Jesucristo ilumine todas estas realidades y les permita una adecuada articulación, llegando a plantear un buen itinerario formativo para todos los cristianos.

ORAR.

Ahora nos queda orar para que nuestros obispos aprovechen toda la riqueza de los aportes recibidos de toda América Latina. Hay entre ellos excelentes descripciones de nuestros problemas y muchos aciertos en el descubrimiento de sus causas.

Estamos seguros de que con la Palabra de Dios iluminarán lo que Dios espera de nosotros como hijos suyos y hermanos entre nosotros ante esas situaciones. Les deseamos que reciban todas las luces que el Espíritu Santo les quiera dar a la hora de orientar lo que debe ser nuestro actuar en los próximos tiempos para que los gozos y las esperanzas, las tristezas y las angustias de los hombres de nuestro tiempo, sobre todo de los pobres y de cuantos sufren, sean a la vez gozos y esperanzas, tristezas y angustias de los discípulos de Cristo.

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